Mi vida había sido dura, y aunque siempre mostraba una
sonrisa conformista y feliz, como si todo fuera bien y mi vida fuera perfecta,
dentro de mi sabia, y gritaba que nada estaba bien y que nunca lo estaría,
porque nunca podría escapar de él, nunca podría escapar de mi vida, nunca
podría ser libre para ser yo misma.
Desde muy joven mis compañeros y demás niños que me rodeaban
se dedicaban a meterse conmigo, la solitaria y tímida chica que no se atrevía a
hablar con los demás por miedo al rechazo o a que le hicieran daño, aunque ya
se lo hacían con sus palabras, lo que nadie sabía es que ese miedo provenía de
algo aun peor que eso, ya que al principio, cuando solo era ese el problema me
daba igual y pasaba de ellos, siendo feliz con mi madre.
Fue ese fatídico día en que mi madre conoció a mi actual
padrastro, en ese entonces yo contaba con nueve años y aún no sabía mucho del
mundo, vivía medianamente feliz en mi ignorancia.
Al principio todo fue bien, él era bueno y amable con
nosotras pero tres años después, cuando llevaban aproximadamente dos años
casados, el cambio.
No fue de golpe, sino gradualmente, yo, que estaba poco en
casa no note nada hasta que al entrar a casa después de un largo día de clase
con mis once años recién cumplidos me encontré la casa en silencio con el
solitario sonido de la tele que se oiga desde el cuarto de estar.
Avance silenciosamente y, tras oír un fuerte golpe y un
sollozo, me pare en seco en medio del pasillo.
Mi padrastro sacaba a mi madre agarrada de su largo cabello
castaño dorado, arrastrándola por el suelo, mientras ella lejos de defenderse,
intentaba soltarse débilmente y sin conseguirlo.
Mi madre me miro aterrada desde el suelo cuando descubrió
que estaba clavada como una estatua en el camino del hombre que me cogió del
cuello y sin oponer resistencia de ninguna de las dos, una por estar débil tras
una paliza, y otra por el estado de shock en el que había caído
irremediablemente, nos llevó a su habitación.
Tiro a mi madre con fuerza contra el suelo y me cogió
bruscamente de los brazos, tirándome a la cama con brusquedad mientras ante mis
ojos veía como mi madre se golpeaba la cabeza con un golpe sordo contra el
suelo.
-Que sepas que todo esto es culpa tuya, y como veo que las
palizas no hacen nada contigo, bueno… a lo mejor esto si…-dijo con voz gangosa
y profunda, llena de ironía y burla.
-¡No!-grito mi madre aterrada mientras se levantaba de un
salto con fuerzas renovadas y se abalanzaba sobre mi padrastro, quitándomelo de
encima por unos momentos en los que intentaba luchar con el-¡Huye! ¡Vete con tu
tía! ¡Lyra vete de aquí!
Mi cuerpo no reaccionaba, allí, tirada en la cama
aterrorizada mientras algunas lágrimas salían sin mi permiso.
Mi padrastro saco las esposas de su trabajo de guardia de
seguridad a tiempo parcial y ato a mi madre al radiador.
Acababa de despertar del shock levantándome rápidamente
dispuesta a salir corriendo bajo las órdenes de mi madre.
Había recorrido parte del pasillo y cuando pensé que podría
escapar unos brazos alzaron mi cuerpo con brusquedad y fuerza, haciéndome daño mientras
me alejaban de la puerta.
-¡No! ¡Suéltame! ¡Suéltame!-grite aterrada mientras
pataleaba y lanzaba golpes en un vano intento de liberarme de mi opresor.
-¡Cállate pequeña putilla si no quieres que te mate!-grito
el hombre, furioso.
Nada más lejos de hacer caso, y guiada por un miedo al
desconocido pero seguro dolor, me retorcía en busca de mi ansiada libertad, la quería
con todo mi ser, pataleaba, lanzaba puñetazos, clavaba y arañaba con mis uñas
toda carne o pared a la que podía agarrarme, gritaba… pero nada parecía funcionar
porque ¿Qué podía hacer una niña de once años contra un hombre adulto?
Tras entrar en la habitación el hombre cerró con seguro la
puerta de la habitación para tirarme a la cama de nuevo.
Intente levantarme y salir corriendo, aun sabiendo que la
puerta estaría cerrada.
El hombre rio ante mi inútil intento y su mano impacto con
mi mejilla derecha con fuerza, haciendo que cayera a la cama de nuevo.
Se colocó sobre mí, arrancando toda prenda que mi pequeño
cuerpo llevaba puesto, mientras seguía con mis intentos de resistirme.
Mi madre lloraba horrorizada mientras el hombre me violaba
una y otra vez.
En ese entonces yo no sabía que significaba la palabra “violar”
para mí era el castigo por haber nacido, por existir.
Lamento decir que no fue la única vez que paso, solo fue el
principio del fin, el principio de la destrucción de mi vida, el fin de la vida
que conocía…
Poco después mi madre me empezó a mandar todos los fines de
semana con mi única tía, la gemela de mi madre, que estaba felizmente casada
pero que al ser estéril no podía tener hijos.
Era como mi segunda madre, y mi vía de escape.
Con ella daba largos paseos a caballo por el bosque, para
terminar practicando el tiro con arco.
Eran sus dos aficiones favoritas, aparte de hacer galletas
de mantequilla mientras ponía la música a todo volumen y bailaba con la cuchara
de las mezclas en las manos haciendo como si fuera su micro mientras cantaba a
grito pelado a mí alrededor.
Al poco tiempo mi madre me apunto a defensa personal y artes
marciales por las tardes, así ella me protegía de él el máximo tiempo posible,
pasando las mañanas en el instituto y las tardes entrenando, y los fines de
semana con mi tía.
Todo volvió a cambiar cuando a mis 18 años la policía llamo
a la puerta de mi casa.
Era viernes por la noche y esperaba con ilusión que mi tía
llegara para llevarme con ella a su casa a pasar esos dos días que serían
maravillosos en su compañía.
Mi padrastro se había ido de bares y mi madre estaba
haciendo la cena mientras intentaba llamar a mi tía al móvil.
Abrí la puerta sonriente, pensando que sería mi tía, pero en
su lugar dos policías me miraron fijamente para luego mirarse entre ellos
mientras mi sonrisa se borraba lentamente.
-¿Vive aquí Meredith Walker?-pregunto el policía de la
derecha preguntando por mi madre, que en ese preciso momento salía secándose las
manos en su delantal para ponerse detrás de mí con sus manos en mis hombros.
-Soy yo ¿En qué puedo ayudarles?-dijo mi madre seriamente.
-Vera…-empezó el policía sin saber cómo decirle algo, parecía
angustiado mientras suplicaba a su compañera que le ayudara.
-Vera señora Walker, debo darle una mala noticia…Su…Su
hermana ha sido encontrada muerta en la puerta de su casa-dijo la mujer con
tristeza-lo siento mucho, de veras que lo siento.
-no… no puede ser cierto… ¿mama? ¡Diles que es mentira!
¡Diles que la tita está bien!-dije entrando en pánico mientras intentaba
mirarla bajo todas las lágrimas que cubrían mis ojos violetas- ¿mama?-dije
apenas en un susurro mientras ella se derrumbaba en el recibidor y empezaba a
hiperventilar.
Al momento, cuando pudo reaccionar se reincorporo con ayuda
de la pared y aun con lágrimas en los ojos miro a los policías.
-¿Saben…saben que le ha pasado?-pregunto con voz débil.
Los policías volvieron a mirarse, sin saber cómo decir la
siguiente noticia.
-Su marido la mato cuando salía de la casa-dijo el hombre
-¿Paul?- pregunto entre horrorizada y sorprendida.
Paul el marido de mi tía era el hombre más tierno y dulce
que había conocido, la trataba de maravilla y le regalaba todo lo que ella
deseaba.
-Em… no… el marido de su hermana no… su marido… Bob…-dijo el
policía-el…consiguió escapar…-concluyo.
Mi madre y yo, horrorizadas nos miramos para luego mirar a
los policías.
-No pueden… no pueden dejarnos solas… el… el…-dijo mi madre
entrando en pánico.
-¿El que señora Walker?-pregunto serenamente y preocupada la
policía.
-El…-pero ya no miraba a los policías sino detrás de ellos y
entonces tras un sonido seco mi madre callo con fuerza hacia atrás, inmóvil.
Los policías se abalanzaron contra Bob, mi padrastro, quitándole
la pistola y esposándolo en un momento.
Yo, como una simple espectadora sin saber qué hacer, miraba
a mí alrededor, todo pasaba a cámara lenta ante mis ojos. Todos los sonidos
eran para mí un simple fondo, oía maldecir a Bob, gritarme amenazas e insultos
mientras se lo llevaban arrastras, pero yo solo podía ver el cuerpo de mi
madre, tendido de cualquier forma en el suelo, con los ojos mirando el vacía,
sin vida, aun abiertos con una expresión de sorpresa y horror, y perturbando
sus delicados rasgos una perforación circular mientras a su alrededor, como un halo,
se extendía su sangre.
Ahora, un año después y tras terapias intensivas con psicólogos
descargaba mi furia entrenando, había seguido adelante con mi vida, por ellas,
recordando cada día de mi vida todo lo que ellas, sin querer o queriendo me habían
legado, me habían legado una vida por delante libre de Bob aunque solitaria, me
habían legado el amor por la naturaleza y las artes, el amor por los paseos a
caballo y el tiro con arco, el amor de defender a lo amado por encima de ti
misma, el amor a mi vida y a mí misma…
Y como si algo me hubiera llamado, como si algo dentro de mí
me dijera que debía estar ahí, en medio del bosque, me adentre, rodeada de
extrañas y bellas luciérnagas, a ese círculo de llamativas setas para que poco después
todo se volviera oscuro y cayera inconsciente en una hermosa y luminosa sala
con un gran cristal azul en el centro.
Y entonces supe que todo había quedado atrás, y que en algún
lugar, donde estuvieran mi madre y mi tía, me estaban cuidando y habían conseguido
para mí, una nueva vida, una vida para ser yo misma…
quiero mas
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